Parte 1 Cuando el cuerpo cambia… y el alma habla:

¿Te ha pasado que, de repente, te sientes más vulnerable?  

Que aparecen miedos que creías superados…  

Que te cuesta mirarte al espejo con cariño…  

O que una tristeza suave, sin nombre, te acompaña como una sombra?

Si estás en plena transición hormonal —premenopausia, menopausia o incluso postparto tardío—,no es casualidad.  

Tu cuerpo está en un proceso profundo de cambio. Y cuando las hormonas se mueven, lo emocional también se mueve.

Pero hay algo más: este momento no solo trae síntomas… trae señales.  

Señales de que hay heridas antiguas pidiendo ser vistas.  

De que hay partes de ti que necesitan ser abrazadas, no “arregladas”.

Y eso… es una oportunidad.

 ¿Por qué ahora? La puerta que se abre

Durante años, muchas mujeres hemos funcionado en “modo automático”:  

criando, trabajando, cuidando, resistiendo.  

Nuestro sistema hormonal —especialmente el estrógeno— actuaba como una especie de “amortiguador emocional”, ayudándonos a mantener cierta estabilidad, incluso cuando por dentro había grietas.

Pero al llegar a esta etapa, el cuerpo suelta ese amortiguador.  

No para dejarte caer, sino para decirte:  

“Ya no necesitas resistir. Ahora puedes sanar.”

Es entonces cuando, emociones guardadas hace años, de infancia, relaciones tóxicas, duelos no expresados, críticas internalizadas, empiezan a subir a la superficie.  

No porque estés “descontrolada”, sino porque, tu sistema necesita liberarlas.

Deja una respuesta